miércoles, 23 de enero de 2008

LA PERLA QUE NUNCA DEBE DESLIZARSE FUERA DEL JOYERO



Buenos días a todos los que siguen mis comentarios digitales, con puntualidad, con cariño y con el seguro aplauso que una perrita tan ocurrente como yo merece.
Hoy vamos de lágrimas, de esas perlas que nunca deben de salir del joyero y que a veces los humanos se empeñan en desbordar como si de cataratas emocionales se tratase. Bien está la emotividad, pero el provocar el llanto por el sufrimiento inducido por otro congénere es una barbaridad y el dolor, inducido, gratuito y cruel, una cabronada sólo propia y exclusiva de los sapiens.
Mi amo, que aunque vaya de duro por la vida, es más romántico, en el buen sentido del término, que los hombres del XIX, tiene especial aversión a quienes, de forma sistemática se dedican a provocar sufrimiento a las mujeres. No piensen que es por un modo sexista, en el que el género femenino debe ser considerado como desvalido por naturaleza, es todo lo contrario, mi amo (del verbo amar) admira los valores de la femineidad, como pueden ser su capacidad de mediación, de intermediación o su sentido más valioso, el común, algo del que adolecen la mayoría de los varones. Por ello nos quiere tanto a las perritas y adoración por mi ama.
Os pido reflexionar un poco, valorar a las mujeres en su justa medida y sobre todo queridos varones, adoptar un poco de femineidad en vuestros comportamientos, seguro que el mundo mejora, sin grandes esfuerzos y la conflictividad se minimiza.
Pero, por favor, que la perla que ocultan sus ojos no enturbie su mirada y menos se derrame, las lágrimas son sagradas, cuidar a las mujeres, respetarlas y amarlas, son vuestra reserva y sobre todo el futuro, la masculinidad ver lo que ha traído. Rectificar es un ejercicio inteligente, práctico y sobre todo gratificante.

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