domingo, 20 de enero de 2008

ESTO NO ES VIAJAR, ES TURISMO, OTRA COSA.



Buenos días a todos, los que fielmente, día tras día, siguen estos comentarios, de una pequeña perrita, cuya facultad telepática le permite contactar con el cerebro, un tanto alocado de mi amo (del verbo amar).
Hoy vamos de viajes, de turismo, de dos palabras, que en su contenido profundo no explican, ni menos describen, dos situaciones idénticas, por lo menos en lo que mi perruno entender puede discernir.
Existe un fenómeno de masas, sólo en los países ricos por su supuesto, donde las personas, sobre todo los urbanitas sapiens de las conurbanaciones, tienen la imperiosa necesidad de salir, de eso que ellos mismos llaman el paraíso occidental, cuyo paradigma son las colmenas humanas, donde la única y topoderosa distracción son los centros comerciales. Espacio donde el gusto se democratiza tanto que llega a convertirse, paradógicamente, en único, es decir todo lo antitético posible a diverso y plural. Así estas buenas gentes, aburridas del trabajo, de las idas y venidas a golpe de estrés, del agobio del tráfico, de la inseguridad ciudadana, buscan en lo exótico, no sé el qué. En nuestro país cada vez es más común que la peña se empecine en salir al extranjero, ya la playa es sólo para descansar, para cargar plias hay que salir fuera, y cuanto más lejos y más jodido esté el país de destino mejor.
Sólo a los ricos aburridos se les ocurre abandonar su lujo, para disfrutar del lujo exportado en hoteles de lujo, en zonas donde se pasan calamidades cotidianas. Es la reiteración del lujo, pero en otro espacio más "emocioante". Por ello ya no vale París, Londres o la hispanizada New York. Unos buscan el exotismo en países europeos castigados por el comunismo o las guerras balcánicas, otros, más aguerridos en latinoamerica buscando culturas perdidas, y los top al Africa Negra o al más recóndito mundo musulmán.
Mi amo tiene que una amiga, bueno más bien conocida, pija, que disfruta con las postales de cámara digital de la Mostar reconstruída, del exotismo de Tanger, del costumbrismo tribal de Kenia, de la maravilla de las pirámides mayas sepultadas por la exultante selva centroamericana.
Para mi, perrita poco viajera, más amiga del conocimiento de las culturas a través de la profundidad de los libros, de las obras literarias de las gentes de cada pueblo, me parecen estas gentes, turistas de profesión ociosa, uno gilis de marca mayor. Practican un turismo de low cost, compran cuatro baratijas a unos indígenas aburridos de los blanquitos, se disfrazan de cocodrilo Dundee con ropa del Coronel Tapioca (fabricada en inmundos talleres de esclavos) y se calzan con unas Nikes manufacturadas por esclavos infantiles. No se mezclan con los nativos, los del día a día, por aquello de la seguridad, duermen en hoteles con aire acondicionado, o en tiendas de campaña dignas de horteras indocumentados, no se enteran de nada y vienen con horas de filmación y fotos digitalizadas por millares, escenas de lo idílico que es un infierno cotidiano.
Viajar es algo totalmente diferente, es compartir la vida cotidiana con los lugareños, de las aldeas o de las grandes ciudades, comer en sus casas, en los restaurantes de la plebe, curarse con las mismas medicinas que ellos, soportar a los mismos mosquitos y beber el agua y los licores autóctonos. Paso previo es la documentación antes de embarcarse a la aventura, conocer algo de su cultura, de sus índices de desarrollo, de su filosofía de la vida, de sus anhelos, de su programa vital. Muy poca gente es capaz de ello, por ejemplo a verdaderos viajeros impenitentes, como los nacionales MANU LEGUINECHE o ARTURO PÉREZ REVERTE y al polaco, ya fallecido KAPUSCINSKI. Lo otro es hacer turismo, no viajar, como esos corresponsales que hacen las crónicas de guerra desde el Hotel, que no se acercan al frente ni al sufrimiento de la población civil.
Sólo quieron mentar y mandar mi desprecio, y un moridisco poderoso, a todos los hijos e hijas de puta que hacen "turismo sexual", que no es ni turismo ni verdadera sexualidad, sólo esclavitud y crimen contra la humanidad. Ojala se persiguiese más esta lacra, para estos la perrera (cuantos Guantanamos perrunos y nadie se preocupa por ello).
Viajar amigos, no hacer turismo. Lo primero cuesta más, sobre todo al cerebro, pero es más gratificante y sobre todo os hará meditar sobre la miseria y el rumbo suicida que está acelerando eso que algunos llaman la especie SAPIENS.

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